El pasado domingo 29 de abril, se disputó, el muy comúnmente denominado "clásico" del fútbol riotercerense, entre los representantes del Sportivo Nueve de Julio y del club Atlético Río Tercero. Esto no sería más que un hecho propio de la cultura popular de masas y del paisaje ciudadano, si no fuera que el encuentro "deportivo" terminó en una "
batahola terrorífica" entre las parcialidades "
aguantadoras" y la policía, con personas heridas, instalaciones dañadas, y lo que es más preocupante, la fuerza del "orden", usó medios violentísimos de represión, como son las balas de goma (decir de goma es un eufemismo ya que esa goma puede dañar muchísimo, inclusive matar), de reminiscencias tenebrosas en la historia argentina y en recientes
acontecimientos.

Cuando nos empezaron a dar cuenta de este hecho los encargados de reproducir y mantener el sistema de dominación social, se escuchaba y leía por todos los medios de que disponen, conceptos como "malhechores", "inadaptados", "delincuentes", y todo un arsenal de letanías y lugares comunes, auténticos graznidos de los personeros del poder.
Según los estudiosos más serios del problema, en la "violencia" (este concepto no es muy justo, consultar a la obra de Inés Izaguirre una lustre visitante de nuestro "pago", por favor leer
aca) del espectáculo futbolístico hay dos variantes constitutivas:
Por un lado, la tremenda
marginación social, que arrincona a amplios sectores sociales, desplazados, desocupados, victimas de la violencia estatal (el hambre que es sino), sin posibilidad de ascenso social, en fin, sin futuro, que solo encuentran en estamentos como el fútbol posibilidades identitarias colectivas, y reemplazan como pueden instancias de pertenencias más naturales, como serían el estudio, un digno trabajo, un ideal de ascenso social, etc. Para chequear esto, solo hace falta repasar las estadísticas de muertes vinculadas al fútbol y se verá como en los últimos tiempos no deja de crecer, y al contrario, en la mitad del siglo pasado, cuando la redistribución del ingreso era mas justa, no se verificaban muertes por la belicosidad futbolera (ver
aquí).
El otro hecho y principalísimo, es el "uso" de parte de los políticos de las instituciones deportivas, y la nación nos da los "mejores" ejemplos, Barrionuevo en Chacarita, el "pajarito" Súarez Mason y ahora Alberto Fernández en Argentinos Juniors, Macri en Boca, Duhalde en Banfield, ... y siguen las firmas.
Acá los personajes no son tan "ilustres", pero en escala, lo mismo lo tenemos: uno de ellos es
Gioda, otras de nuestras "víctimas" del proceso abierto en el 2001, en otrora era un político siempre recostado a la sombra de los acabados Angeloz y Mestre, pero el "insaciable" profesional del erario público quiere volver a la palestra por la ventana de nuestras queridas instituciones deportivas, a caballo de campañas ciclópeas en el básquet y el fútbol, pero como es lógico para ellos, a fuerza de suculentos aportes estatales.
Es claro que Gioda pretende
catapultarse a renovados (en realidad un
refrito en aceite muy rancio) lideratos oficiales, usando a la parcialidad y la historia del club Nueve de Julio.
(De la Sota, Gioda y distintos "prominentes" políticos en fiesta aniversario del Club Nueve de Julio)
Por el lado del club Atlético, las trapisondas políticas no van en zaga, la interna peronista de las pasadas elecciones a intendente, emergió crudamente en el viejo Atlético, inclusive con una especie de "mejicaneada" a Domínguez que había pintado el club usando para ello su recurso explotador de los trabajadores de la construcción de su propia empresa, pero los dirigentes del club pactaron con Carranza y Acastello, haciéndoles lucir a los jugadores de fútbol, casacas con propagandas electorales.
Como vemos los sectores políticos trasvasan sus prácticas clientelares y "mafiosas" a un estamento ya de por sí con condiciones sociales explosivas.
Ahora cuando escuchemos al comisario José Ariza o a nuestros abundantes periodistas deportivos, decir delincuentes, ¿a quien se referirán?.